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Nacido para ser complaciente
Si eres de los que cuando alguien te pide un favor o te propone algo dices sí a la primera de cambio, te aconsejo que te pares a pensar qué es lo quieres antes de responder impulsivamente porque decir siempre que sí cuando quieres decir no pasa factura.

Cuando te pares a pensar tienes que enfocarte en tener claras tus prioridades. Esto es básico para no sentirte perdido y terminar comportándote siempre como esperan o exigen los demás. Es muy fácil perder el norte en este sentido, es decir, darte cuenta de que otras personas están monopolizando tu vida porque parece que muchos llevamos tatuada la frase: “Nacido para ser complaciente”.

Si dices sí cuando en realidad quieres decir no te estás diciendo no a ti mismo, es decir, no estás siendo honesto contigo mismo. Pero claro no es fácil decir que no a determinadas personas y el tema de negarse se complica cuando hay una relación afectiva de por medio. También, cuesta porque puedes pensar que si te niegas estas siendo egoísta y te puedes incluso sentir culpable por no corresponder a ese deseo de agradar que tenemos tan interiorizado.

Si dices sí cuando en realidad quieres decir no te estás diciendo no a ti mismo

Es posible que a veces te asalten un sinfín de exigencias de familiares, amigos o de tu jefa, y es entonces, cuando tienes que plantarte y aprender a decir no sin sentirte culpable, pensando a conciencia que lo haces por tu propio bien, diciendo sí a algo mejor para ti. 


Para elegir prioridades hay que ser coherentes entre lo que eres y lo que haces, seleccionando aquellas ocupaciones que tengan sentido y sean coherentes con tus valores y con la vida que deseas para ti.

Para que decir no sea más fácil es crucial trabajar en técnicas asertivas que te ayuden a reforzar tu personalidad y alejarte del sentimiento de culpabilidad. Adoptar una actitud asertiva supone 3 beneficios muy suculentos: reafirmar tu propia identidad, respetarte a ti mismo y lograr tus ideales de crecimiento personal.

Si estos beneficios no terminan de convencerte, piensa que muchos personajes importantes lograron sus propósitos porque en vez de decir “sí” dijeron “no” a todas aquellas propuestas que se alejaban de sus metas personales.

Es básico analizar las emociones que te impulsan a atender de forma compulsiva a peticiones o favores. Es posible que algunas coincidan con miedo a parecer egoísta o mala persona o bien una preocupación excesiva por crear algún mal rollo en la relación. Si consigues esfumar estos miedos -en este post te doy unos consejos para plantarles cara-  expresar negativas será coser y cantar

Una vez hayas plantado cara a tus miedos, te aliviará saber que es compatible el querer agradar a los demás con defender tus deseos. El truco está en poner límites a las demandas de los demás y a ti mismo. No poner límites es querer complacer a todos cuando uno no debe ni puede y ponerlos es ayudar cuando uno puede teniendo muy claro que nunca jamás podrás agradar o quedar bien con todo el mundo

Cuando te pongas manos a la obra con las negaciones, ten presente que es conveniente no dar excesivas explicaciones para que no las interpreten como excusas, para ello puede funcionarte sin añadir nada más: “No, lo siento, tengo un compromiso”.

Y para ir terminando, te sugiero que te quedes en mente con una buena táctica asertiva que seguro te ayudará mucho. Esta táctica consiste en acompañar la negación con una alternativa que sí encaje con tus prioridades: “No puedo ayudarte hoy pero miro de hacerte un hueco otro día”.

Para decir no sin sentirte culpable ten claras tus prioridades, adopta una actitud asertiva, supera tus miedos, pon límites a las peticiones, expresa negaciones sin dar muchas explicaciones y ofreciendo alguna alternativa. Si te pones a ello verás que a veces decir no puede ser lo más conveniente para uno mismo.

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No evites el ecuentro con tus miedos


Muchas veces no somos conscientes de la existencia de miedos que te dejan encallado y condicionan tu forma de vivir. Hay una gran variedad de fobias muy comunes que pueden estar bloqueando tu crecimiento personal

El primer paso es saber reconocer el miedo que tengas, analizar las emociones que emergen en ti para que te sea más fácil presagiar su visita y responder a tu miedo con mayor aplomo.


Hace poco he reconocido mi miedo a conducir, me siento insegura, pienso que no voy a ser capaz de controlar el coche y me imagino causando un accidente grave. Y es que como sabrás, los miedos son producto de pensamientos irracionales muy poderosos que te asaltan y pueden llegar a paralizarte.


Te tengo que confesar que me costó sudores y lágrimas sacarme el carnet de conducir, y conduje por obligación durante unos meses. Cuando dejé de necesitarlo no toqué un volante en 9 años. Y ese fue mi gran error, ahora soy muy consciente de ello y me gustaría compartir contigo las reglas de oro que me están ayudando a superar mi miedo:

No evitar el encuentro con tu miedo

Cuando evitas un miedo lo que sucede es que ese miedo que inicialmente puede ser más fácil de superar aumenta en proporción a todo el tiempo que lo has estado evitando. Pero aunque el miedo se haya agrandado y sientas auténtico pánico se puede superar enfrentándote a él con un cara a cara. En mi caso, cogiendo el volante pero con la ayuda de un profesional al lado que pueda responder por mí en caso de colapso.



La peor de tus fantasías

Consiste en obligarte a pensar durante media hora en todas las adversidades posibles acerca de tu miedo, por ejemplo: el coche acabará en siniestro, yo en coma en el hospital, etc. Al ir mentalmente más allá de lo que tememos llega un punto en el que se desactiva la sensación de miedo. Es una forma de apagar tu fuego añadiendo más leña o de intentar tocar tu fantasma logrando que se desvanezca.


Pensar en: “Soy capaz”

Si ves imposible realizar algo por miedo piensa como si fueras capaz de hacerlo. Para ello, a mi me ayuda pensar en la historia de una mujer de 72 años que al quedarse viuda decidió sacarse el carnet para conducir un coche todo terreno que su marido le había comprado para ella antes de fallecer. Esta mujer se dedicó en cuerpo y alma a este propósito durante dos años, hubo un par de profesores que no la quisieron aprobar por su avanzada edad pero finalmente consiguió su sueño. Entonces, pienso si esta mujer con sus circunstancias y dificultades está conduciendo ahora mismo, yo también puedo ser capaz y no intentarlo tendría delito.


La verdad que existen otros miedos que no son tan fáciles de reconocer, y que pueden estar atormentándote sin a veces ser muy consciente. Miedo a padecer enfermedades, a la muerte repentina de un familiar, a hablar en público, al compromiso, a la soledad o al fracaso, son algunos ejemplos de los más comunes que muchas personas sufren en silencio

Los miedos se pueden tratar, pero tiene que nacer de ti una clara voluntad por superarlo, ya que el camino fácil es evitar el encuentro con tus miedos. El reconocido psicólogo, Rafael Santandreu, habla de cómo es posible acabar con todos los miedos aprendiendo a pensar correctamente en esta entrevista

Ahora bien, superar un miedo tiene que ser para ti como un deseo de mejora personal, no te obsesiones con tus miedos y tómatelo con calma. Pero si no quieres vivir limitado, no los evites, intenta reconocerlos y aplicar las reglas de oro para expandir tus límites y no quedarte encallado.


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