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Cómo me hice una quemadura grave con una estufa de aire una noche de verano

Hoy me he decidido a contarte esta historia del horror porque tiene guasa.

Y todavía tiene más gracia, cuando pienso que hace tres años en un momento de inspiración divina, elegí como nombre para mi blog: APAGANDO FUEGOS.

Mi deseo con este blog era aliviar a personas con quemaduras o heridas abiertas que estuvieran apagando fuegos en sus vidas.

Pues resulta que hace un mes que me quemé de verdad. Sí, me chamusqué a base de bien el empeine del pie con una estufa de aire pequeña de las de baño. Tal cual te lo cuento.🙈

Y desde entonces, la que vivo apagando un fuego soy yo misma, en mis propias carnes, las de mi pie maldito.

Le llamo el pie maldito porque el pobre ha pasado ya por trece esguinces, dos roturas de ligamento y una fractura de pie. Y con la estufa ya le ha tocado la Gorda: una QUEMADURA de las guapas.

Todo empezó una noche de verano, me disponía a meterme en el sobre cuando noté mis pies más fríos de lo habitual, y eso que aquella noche hacía caloret de 25 grados.

En mi defensa siempre diré que tengo el termostato del cuerpo muy bajo.😅

Se me ocurrió la brillante idea de encender la estufa de aire del baño y enchufar los pies delante del calefactor, bien cerquita.

Que gustito cuando tienes los pies fríos como escarpias y notas que empiezan a entrar en calorcito…Mmmmmmm

La verdad que estaba como una reina hasta que vi un chispazo salir de la estufa que apuntaba al pie maldito. 💥¡Fuegoooooo!💥

Después del fogonazo se me puso el pie como un tomate. Me dolía bastante, pero pensé que viniendo de una estufita no podía ser muy grave y me quedé frita del cansancio.

Estufa del demonio
Cuando desperté aquello no tenía muy buena pinta, había crecido una ampolla amarillenta que la verdad es que daba bastante asquito. Pero aquel día tenía un evento que me hacía mogollón de ilusión y al que quería asistir sí o sí.


Así que me armé de coraje, le di un pinchacito a la ampolla para que no me tirara tanto y me encasqueté un apósito para tapar aquel desastre. Me tomé un calmante y arreando que es gerundio y, a paso muy lento, me fui para el evento.

Aguanté todo el día con un par de ovarios, y con los bajos de los pantalones manchados de un líquido extraño que salía de la ampolla amarillenta. ¡Madre mía! Aquello se iba reproduciendo como los Gremlins en una fiesta de piscina.

Cuando ya  para caminar me tenía que arrastrar como una lagartija, confesé a mis compañeros que me había quemado con un cazo de agua hirviendo😌. Todavía no daba crédito de la mala pasada de la estufa.

Aquella tarde acabé entrando en la unidad de quemados de un hospital por mi propio pie.💪

Ya en el quirófano despotriqué y lloré como una cría de 6 años cuando me arrancaron de cuajo las ampollas y toda la piel que había debajo. Sin anestesia ¿para qué?

Después de la tortura de aúpa, llegó el doctor y me preguntó:

-¿Señora, qué le ha pasado?

Y yo, toda digna, contesté: - ¿Acaso no ve el quemadón que me he hecho?

El doctor se puso a reír, y me contestó con socarronería: “Es obvio señora, por eso se encuentra ahora mismo en la unidad de quemados del hospital”. Así que en voz bajita le tuve que confesar lo de mis pies fríos y el percance con la estufa de baño.

La verdad que hasta al día siguiente no fui consciente de la gravedad del asunto. Lo empecé a digerir todo cuando empezó a arder Troya en el mismísimo pie.

Rebauticé al pie maldito como la pata cadáver por su aspecto putrefacto💀. Y muy a mi pesar, en el CAP donde llevo ya un montón de “curas-torturas”, me sacaron el nombre de la “chica con quemadura de estufa”.🙈

Hace una semana me diagnosticaron una quemadura de tercer grado (la más grave de todas). Pensé: “Bueno, más vale saberlo tarde que nunca”.

Otra doctora me dijo que si no me empezaba a crecer piel me operaban con injerto de mi propio muslo. ¡No me lo podía creer! ¡Hasta aquí podíamos llegar! 😱

Me querían rebanar el muslo para curar la pata cadáver.

“No quería caldo, toma dos tazas”.

Así que me dije a mí misma que la piel me tenía que crecer por narices.

En los últimos días he estado cuidándome no, lo siguiente.

Vivo pegada a una silla de ruedas donde tengo afincada la pata cadáver en posición horizontal.

Mi madre ha venido al rescate para cebarme y acicalarme.

Como carne roja, pescado y huevos como si no hubiera un mañana. ¡A la mierda la operación bikini!

Hace un par de días me libré del injerto de piel con rebanamiento de muslo. En la unidad de quemados me dijeron que no sería necesario operar porque me había crecido un pelín de piel.

¡Válgame Dios!

Ahora tengo una relación de amor-odio con el personal sanitario de la unidad de quemados😡😍. Sí, a veces les diría del mal que se tienen que morir, y otras, los colmaría de besos y abrazos.💞

Hoy una amiga me ha escrito: - “Anna, no te dejes rebanar el muslo, que a este paso te tendremos que llamar Anquenstein”. (Se refería a un híbrido entre servidora y el monstruo de Frankenstein).

Acabáramos…JAJAJAJA

MORALEJA: “Nunca subestimes a una pequeña estufa de baño”

Espero muy pronto poder escribir cómo me curé de una quemadura de tercer grado antes de que acabara el verano.🙏


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No entry

La ansiedad aparece cuando sientes que no tienes suficientes recursos para afrontar determinadas circunstancias de la vida. Le suele acompañar un sentimiento de angustia, de pérdida del dominio de uno mismo o de hundimiento en la miseria que se cuelan sigilosamente en tu cuerpo y mente.

Cualquiera en algún momento de su vida siente ansiedad, en mayor o menor intensidad, dependiendo del suceso que la provoca. Es muy común la ansiedad por rendimiento en una oposición, por una entrevista de trabajo o ante un examen o prueba importante. Pero lo cierto es que, mucha gente acostumbra a decir que tiene ansiedad en su día a día sin que haya una razón de peso aparente.

La ansiedad no siempre es perjudicial, a veces, cierto grado puede ayudarte a lograr tus propósitos y hay momentos en los que estar ansioso forma parte de la vida misma. Pero cuando la ansiedad no es un estado transitorio, experimentas crisis de angustia o simplemente no te deja avanzar en tu vida, es entonces cuando hay que prestarle la atención que se merece y pedir ayuda a un profesional en la materia.

Pero quizás pensarás, ¿por qué se respira tanta ansiedad en el ambiente? Yo soy de las que opino que la sociedad actual impone una forma de vida totalmente anti-natural. Las exigencias sociales y las presiones auto-impuestas van en aumento y son una de las causas de su crecimiento. Sin darte cuenta cumples a diario con distintos roles y obligaciones sociales que aceptas sin más por evitar entrar en conflicto con el orden establecido.

¿A qué me refiero con exigencias sociales? A tener un trabajo en el que seas súper eficiente y te sientas autorrealizado; a ser una emprendedora con un proyecto exitoso; a ser un soltero adonis con muchos amigos. A que si tienes pareja tienes que casarte, tener hijos y envejecer juntos; si eres madre o padre tienes que saber educar a tus hijos y sentir un amor incondicional por toda la familia. Con tus amigos tienes que cumplir con todos los compromisos sociales y tu tiempo libre tienes que aprovecharlo al máximo con mil y una actividades, celebraciones o viajes de ensueño porque si no resulta que estás desperdiciando tu vida.

Sigue el camino medio y serás feliz

El perfeccionismo ha sido una cualidad considerada por muchos como una virtud, sobretodo en el ámbito laboral, en el que ser perfeccionista es un rasgo de personalidad de los más requeridos. Personalmente opino que este comportamiento puede llegar a ser fuente de una gran insatisfacción en tu vida, por lo que si eres capaz de detectarlo no dudes en darle la espalda.

Te voy a explicar cómo puedes detectar patrones de personas perfeccionistas. Para empezar, La Real Academia Española define el perfeccionismo como “una tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado”.


La persona perfeccionista tiene un alto nivel de autoexigencia y este patrón de exigencia lo acaban proyectando también sobre la gente con la que se relacionan provocando tensión en los demás. Tener el listón tan alto les impide muchas veces seguir adelante con sus metas, a menudo abandonan sus planes porque nunca encuentran la oportunidad ideal para realizarlos. Su mirada está entrenada para detectar fallos en todo y también excusas para no ponerse manos a la obra.

El perfeccionista se niega a tomar una decisión si no resuelve antes todas las dudas por miedo a equivocarse y no tomar la decisión perfecta. Son muy propensos a obsesionarse en cómo deberían ser las cosas y les cuesta ver cómo son en la realidad. No suelen encajar bien las críticas y nunca están satisfechos con sus logros porque nunca nada es suficiente y esto les genera frustración y una ansiedad constante por ser perfecto en todos los aspectos de su vida.

Si reconoces algunas de estas conductas en ti o en alguien cercano te recomiendo que trates de aplicar las siguientes seis tácticas para dar la espalda al perfeccionismo:

  1. Pon a prueba el miedo a equivocarte: muchas veces no somos capaces de emprender nuevos proyectos por miedo a fracasar o por no tener la aprobación de los demás. Pero párate a pensar un poco, la única forma de aprender es probando y fallando, así que toca plantarle cara al miedo si lo que quieres es avanzar en tu vida.
  2. “Si dudas, hazlo, inténtalo”: es un principio psicológico que nos viene a decir que la gran parte de los desastres que imaginamos que sucederán si fallamos son exageraciones que nunca ocurren. Saldrás ganando si te acostumbras a decir sí cuando la duda se apodere de ti.
  3. Autodisciplínate: cuando te hayas planteado llevar cabo algo importante para superar un miedo y lo incumplas, castígate con algo que aborrezcas o en el caso contrario, prémiate haciendo algo que adores. 
  4. “Sigue el camino medio y serás feliz”-es una frase del escritor y filósofo estadounidense Lou Marinoff- para ello es necesario huir de los extremos, por ejemplo un pensamiento extremista es pensar que si no eres el mejor en algo eres un fracasado. También, para ello hay que focalizarse en los puntos intermedios, es decir, encontrar un equilibrio en todos los aspectos de tu vida
  5. Renunciar a la seguridad basada en circunstancias externas para trabajar tu fortaleza mental interior, por ejemplo rompiendo moldes. Piensa que tu valía personal no tiene nada que ver con tus logros, tú vales por la persona que eres no por lo que haces
  6. Bajar el nivel de autoexigencia y aceptarse a uno mismo y a los demás con sus virtudes y defectos, asumiendo que los errores  son necesarios para aprender y evolucionar. 

Como verás ser perfeccionista puede tener un precio demasiado alto: vivir en tensión,  con miedo a equivocarte y con angustia por querer hacerlo todo perfecto. Consúltalo con tu almohada, yo ya lo tengo bien claro: ¡Le doy la espalda y me voy por el camino medio!


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Seguramente habréis tratado con personas que exageran la gravedad de todo lo que sucede en su alrededor, son dramáticas por naturaleza, casi siempre están malhumoradas y se pasan el día quejándose por todo, acostumbran a hablar con desprecio superioridad y viven siempre al borde del incendio.

Todos podemos tener malos días, pero estoy hablando de personas que viven con mucha angustia, que son inestables emocionalmente y tienen muchas neuras en la cabeza que les impiden ser felices.


Cuando convives o trabajas con una personas así no es nada fácil llevarlo bien porque suele ser contagioso y puede llegar a crear un ambiente tempestuoso. Así que tomad nota porque a continuación os cuento algunos consejos que quizá os puedan ser útiles para tratar con personas al borde de un incendio:

  • Lo primero para mi es entender que esa persona se comporta de un modo  irracional y que en ese estado es imposible hacerla entrar en razón. Se comporta así porque su mente enfermiza se lo provoca. Suele tratarse de personas infelices, perdidas, con complejo de inferioridad o con muchos miedos que creen que lo correcto es tratar a los demás con superioridad y/o agresividad.
  • Aceptar a estas personas tal y como son es crucial porque nos permitirá no sentirnos ofendidos por sus calamidades. ¿Por qué? Porque cuando interiorizas que esa persona está enferma mentalmente tu actitud de rechazo inicial hacia ella se convierte en sentimiento de compasión y cuando sientes lástima por alguien es más difícil que sus acciones te afecten.
  • Para que no te influyan sus faltas de respeto tienes que tener muy claro que el dueño de tu mente eres tú mismo y por este motivo, no debes dejar que los pensamientos irracionales de los demás  se apoderen de ti. Es crucial armarte de fortaleza mental y convencerte de que tu pensamiento racional y tus valores están por encima de la opinión de esa persona incendiaria.

  • Otra cuestión clave es no intentar razonar con esa persona cuando haya perdido los nervios. Ten cuidado porque te provocará para que entres en su juego pero te aconsejo que no lo hagas porque lo único que sacaras de ello es mucha mala sangre y un desgaste de energía enorme que luego te pasará factura.

  • Te recomiendo que la trates con la mayor asertividad posible, que expongas tus razones pero si ves que es imposible que salga de su estado neurótico, para mi lo más útil en estos casos es darle la razón, sí como a los locos, y quitarle hierro al asunto. Incluso, a veces, un toque de humor puede ayudar a sacarle de su neura. Quizá utilizando alguna frase como: “Sería genial que me trataras bien. No es necesario pero sería la monda...”.

  • Es importante también que estas personas no perciban una actitud sumisa porque intentarán aprovecharse de ello y atacarte en cuanto detecten tus puntos débiles. Tampoco os recomiendo ponerse a su nivel de agresividad por el desgaste que supone y porque no servirá de nada. Pienso que lo mejor es adoptar una actitud asertiva con cierta indiferencia; que tu cara diga “No me afecta lo más mínimo lo que estas diciendo”.

Resumiendo, si os veis obligados a tratar con personas al borde de un incendio recordad que vosotros sois los únicos dueños de vuestra mente, no dejéis que sus pensamientos irracionales se apoderen de vosotros, intentad aceptar su locura y sobretodo armaros de mucha fuerza mental porque: ¡Tú puedes con eso y mucho más!

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Lidiar con el sufrimiento es necesario en ciertas etapas de nuestra vida y la verdad es que bien poco o nada nos enseñan al respecto, hasta que lo experimentas con tus propias carnes no eres consciente de la magnitud que el sufrimiento puede alcanzar ni del dolor que uno mismo puede llegar a tolerar. Por eso hoy me he decidido a hablar sin tapujos, porque del sufrimiento nadie se libra.


Cuando pierdes a una persona que quieres el sufrimiento no te lo quita nadie. Esto tiene que pasar por ti, no queda otra, pero también pienso que ayuda mucho vivirlo como un aprendizaje más en tu vida que te va a fortalecer y a cambiar por completo. Verás que este tipo de sufrimiento conlleva cambios radicales que de otra forma no te plantearías.


Mi experiencia con el sufrimiento es como una sensación de caída libre muy dolorosa en la que llega un punto en el que tocas fondo y de ahí no pasas. En ese estado, a veces, se enciende una luz dentro de tu mente que te permite ver con claridad tu esencia, tus principios, valores y/o deseos más ocultos. Cuando consigues levantarte ya no eres la misma persona, eres muy consciente de lo efímera que es tu vida y de la importancia de vivir amando la vida y a los demás, siendo fiel a tus principios y ofreciendo lo mejor de ti misma.


Pero hay otros tipos de sufrimiento que son muy distintos al descrito y que hay que saber diferenciar. Por ejemplo, conozco a personas, sin ir más lejos, mi padre que se pasó gran parte de su vida sufriendo por los demás. Era un sufridor nato desde siempre y como él hay muchísimas personas que viven así sus vidas: su felicidad depende de la felicidad de los demás

Muchas veces me decía: “Cuando te oigo reír como ahora soy la persona más feliz del mundo” y así lo era. Pero cuidado con esto porque también era capaz de pasarse toda una noche en vela padeciendo porque me había escuchado llorar. Este último es un tipo de sufrimiento innecesario, lo que yo llamo, “sufrir por sufrir”, una creación de tu mente irracional que genera un círculo vicioso, justo lo que ahora mismo yo no quiero en mi vida y espero que tú tampoco. 

Y¿por qué? Porque tengo muy claro que el sufrimiento constante por hechos banales a la larga es totalmente destructivo y conlleva, nada más y nada menos, que a descuidar tu bienestar mental y tu salud física.


Para mi son admirables todas aquellas personas que sufren desgracias con mayúsculas en sus vidas y como consecuencia, viven etapas plagadas de sufrimiento y de mucho dolor. Pero pasado un tiempo, salen adelante con una nueva versión mejorada de ellos mismos, los miras y brillan con luz propia, desprendiendo en todo lo que hacen una fuerza arrolladora. En este momento de mi vida y espero que para ti también quiero que estas personas sean nuestro referente a seguir.

Lidiar con el sufrimiento para mi es saber aceptarlo, vivirlo de la forma más digna posible pensando que es un aprendizaje más en tu vida

En definitiva, una forma de crecimiento personal que nos permitirá romper moldes para crear una nueva filosofía de vida mucho más equilibrada y fructífera.

Y hasta aquí mi primera lección sobre como lidiar con el sufrimiento. Espero que esta entrada haya servido para aliviarte almenos un poco y por supuesto, ¡no dudes en compartirla con quién le pueda ser de ayuda!



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Hoy me gustaría compartir con vosotros un vídeo que es posible que conozcáis sobre el Alfabeto Emocional del Dr. Hitzig. ¡Dentro vídeo!



Los fuegos que se presentan en nuestras vidas nos generan mucha “mala sangre”.Cuando te encuentras en ese estado eres incapaz de pensar en los efectos que el estar así puede provocar en tu salud y no le damos la más mínima importancia.


En este vídeo queda bien claro lo que pasa en nuestro cuerpo.Las conductas R propias de la mala sangre: resentimiento, rabia, reproche, rencor, rechazo, resistencia o represión son generadoras de cortisol, una potente hormona del estrés, cuya presencia prolongada en sangre es letal para las células arteriales ya que aumenta el riesgo de adquirir enfermedades cardio-cerebro-vasculares. 


Según el doctor Hitzig, “hacerse mala sangre” es un exceso de cortisol y una falta de serotonina en la sangre. La serotonina es una sustancia química que genera en nuestro cuerpo tranquilidad, aleja la enfermedad y retarda el envejecimiento celular. Es considerada también como la responsable de mantener el equilibrio en nuestro estado de ánimo.


Y como habréis visto en el vídeo las conductas que elevan los niveles de serotonina son las S: serenidad, silencio, sabiduría, sexo, sueño, sonrisa o sociabilidad. Y estos comportamientos generan a su vez actitudes A: ánimo, aprecio, amor, amistad y acercamiento. Estas últimas actitudes son las que queremos y debemos potenciar al máximo en nuestras vidas sí o sí.


Todas estas razones son más que suficientes para trabajar en alejar de nostros la “mala sangre”. Encarar los fuegos con otra filosofía. ¿Cuál? Os voy a explicar la mía: visualizo la imagen de la señal STOP ante un pensamiento negativo, con esto lo paralizo y lo corto de cuajo. Para que no remita, empiezo una actividad nueva a ser posible física (dar un paseo, limpiar o leer algo interesante), cualquier tarea que te mantenga la mente ocupada sirve, también la que ya os expliqué en mi primer post de escribir sin más. Pasada una hora, el fuego se ha reducido, sigue ahí- los fuegos raras veces desaparecen- pero mi mente está mucho más calmada y abierta para verlo en perspectiva y encontrar soluciones ante un problema que ha dejado de ser una montaña rusa.

Otro recurso para alejar quejas o pensamientos negativos que cuesta pero que es muy efectivo es sacar a relucir nuestro lado más cómico. Se trata de intentar ver en clave de humor el problema en cuestión para quitarle hierro al asunto. Os pongo un ejemplo, has tenido una discusión con tu pareja que te ha afectado mucho y estas de muy mala leche. Te recomiendo que en tu estado por un momento te imagines que sois los protagonistas de la película de "La Guerra de los Rose", sí la del matrimoni perfecto que acaban los dos como un santocristo.Te tienes que poner en el papel de verdad y cuanto más cómica sea la escena de la película mucho mejor te irá, por ejemplo, haciendo un lanzamiento de platos o esa llave de karate que se te da tan bien ;). Espero que esta visión te provoque almenos una sonrisa que te ayude a ver el problema que tienes con tu pareja como un granito de arena.


Entonces sí que ha llegado el momento de: ¡Apagar fuegos sin mala sangre!, y a ser posible acordaros de atajarlo con mucha serotonina.


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A veces sin ser muy conscientes de ello nuestra mente tiene una gran facilidad para crear moldes rígidos que no te dejan mover con soltura. Por ejemplo, un molde para mi era pensar que mi familia debía estar para siempre al completo, sana y feliz. Esto es un estado idealizado, una clara necesidad y exigencia que yo tenía en mi vida y por supuesto no podía imaginarme lo contrario.

¿Qué pasa cuando esto no se cumple? Cuando falleció mi padre de forma totalmente inesperada y repentina lo que me sucedió es que no me quedó más remedio que romper con ese molde infranqueable que me había creado para continuar con mi vida.

Me gustaría ponerte otro ejemplo de creación de moldes que se da muy a menudo.Pongamos el caso de una pareja que decide compartir su vida, se van a vivir juntos y desean formar una familia, pero pasan los años y no nace ese hija/o tan deseado. Esa ilusión de tener un hijo se convierte en una necesidad, y puede llegar el punto en el que esa pareja no conciba su proyecto de vida conjunta sin llegar a tener hijos y que se sientan frustrados, atrapados dentro de un molde que ellos solos han creado y en el que no hay margen de maniobra.

Los moldes para mi son en definitva deseos en la vida que se convierten en necesidades y exigencias que no te dejan avanzar cuando no se cumplen.

Aún así, creo que es necesario tener esos deseos porque son los que de verdad nos mueven y nos hacen crecer, pero también pienso que es muy importante conseguir que ninguno de ellos se convierta en una necesidad indispensable para ser feliz.

Romper moldes es para mi un ejercicio mental de lo más saludable y a veces cuando pierdes a una persona querida por desgracia se vuelve necesario, no queda otra.

Hay que abrir la mente, aceptar la realidad y mirar la vida con otros ojos distintos que te permitan ver todas las tonalidades donde al principio solo consigues ver el negro o el blanco. No es fácil pero con fuerza de voluntad todo es posible.

Personalmente recomiendo pensar en planes de vida alternativos (B, C, D...), cuantos más y dispares sean mucho mejor. Y sobretodo nunca quedarse con el plan A porque la vida te pone a prueba y por experiencia sabrás que no siempre tus deseos o planes se cumplen.  

Esto te permite ser más flexible y más fuerte a la hora de por ejemplo, afrontar mejor las adversidades que se presentan a tu casa la mayoría de las veces sin invitación y de malas maneras.

Para trabajar en romper moldes, ayuda mucho pensar como uno de mis gurús, el piscólogo Rafael Santandreu, a quien tuve el gusto de conocer en un ascensor, pero esa historia ya mejor te la cuento otro día...

Rafael explica que para tener una vida plena no necesitas una familia feliz, ni tener hijos, ni una pareja, ni un buen puesto de trabajo ni el coche o la boda de tus sueños. Únicamente precisas tener las necesidades más básicas cubiertas ( agua, comida y un sitio donde cobijarse) y el resto son todo necesidades inventadas de las que él recomienda desprenderse porque sin darnos cuenta nos hacen ser más débiles, nos complicamos la vida y ya, para el colmo de los colmos, nos lo ponemos cada vez más díficil para ser felices.

Para acabar con esta entrada sólo quiero añadir que somos más capaces de lo que nos pensamos. Así que al lío: ¡A romper moldes!



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Me he decidido a escribir este post porque pienso que quizás tú también puedas estar atravesando una crisis personal como la mía por haber perdido a un ser muy querido. En todo este proceso de duelo me ha ayudado mucho, lo que llamo Mi Autoterapia que consiste en "Escribir Sin Más".

Por poner un ejemplo claro, escribo conversaciones que tendría con mi padre si estuviera aquí, me pregunto ¿qué me diría él en esta situación? Intento colarme en su mente y hacerme con algunos de sus consejos y pensamientos. Aviso que al principio es muy doloroso pero con el tiempo tiene un efecto liberador y a mi me ayuda a tomar decisiones. También, es reconfortante pensar que aunque él ya no esté aquí para guiarme en persona, su personalidad, su mente o su saber-hacer está todavía conmigo al haber compartido casi toda una vida juntos.

También, escribo todo lo que siento, todos los sentimientos que experimento pero sobretodo redacto pensamientos irracionales que a veces secuestran mi mente. Sí aquellos que te invaden, no te dejan avanzar o te roban el sueño.¿Y os preguntaréis por qué? Porque escribir sin más es mi autoterapia para superar momentos difíciles y me ayuda mucho a ver las cosas con más claridad. A mi personalmente me funciona y lo comparto esperando que a ti también te sirva.

¿Cómo lo hago? Cuando noto que algo en mi interior empieza a brotar en contra de mi voluntad cojo el boli si tengo un bloc de notas a mano o el teclado del portátil. Entonces empiezo a escribir de una forma frenética sobre todo lo que se me pasa por la cabeza.

Es importante escribir sin ningún tipo de filtro, soy muy consciente de que no escribo para ser leída o para la edición de una futura novela.

Cuando he vaciado mi mente completamente, no me queda ningún pensamiento más, entonces abandono y dejo de pensar en ello, pero antes siempre lo guardo en un buen escondite que luego pueda recordar. ¿Por qué lo guardo? Quizás puedas pensar que este tipo de notas no tengan mucho interés pero sí las tienen y mucho. Todo lo que hayas escrito cobra valor cuando pasan unos días .


Pasados unos días ha llegado la hora de sacar polvo al portátil y leer con calma todo lo que hayas escrito haciendo uso de tu mente más racional.

Verás que hay muchos pensamientos que se repiten que pueden ser dañinos y que pueden estar causando bloqueos en tu día a día, por ejemplos frases como: “no puedo más”,"no lo voy a superar nunca” “estoy muy cansada/o de esto”, “no aguanto a fulanit@”, “esto es injusto” o “no me lo merezco”. Todas estas frases son fruto del catastrofismo habitual en personas como tú o como yo que atraviesan un mal momento en su vida o también tienen que ver con el neuroticismo imperante en la sociedad actual.

¿Y ahora qué hacemos? No queda otra más que darle la vuelta a la tortilla. Y esto sólo se puede hacer con la mayor de nuestras destrezas, haciendo uso de la razón. Así que manos a la obra y a darle al coco. 

Hay que cambiar el “no puedo más” o “no lo voy a superar nunca” por “si otras personas han podido superarlo yo también puedo, “soy capaz”. Puedo ser feliz a pesar del cansancio que me produce esto o nadie se ha muerto antes por aguantar a fulanito, hay circunstancias mucho peores en esta vida. El “esto es injusto” o “no me lo merezco” hay que pensar que el mundo está lleno de injusticias con las que no nos queda más remedio que aprender a convivir. De nada sirve dedicarnos a estar continuamente quejándonos de todos y por todo porque es una auténtica pérdida de tiempo que conlleva un desgaste emocional y de energía brutal, por experiencia te lo digo.


Si no te gusta algo en tú vida, ¡cámbialo! Es muy fácil decirlo, ¿verdad?...En mi casa siempre me han dicho que "Quién algo quiere, algo le cuesta" y querer es poder, hay que perseverar y ser constante hasta conseguirlo. Y si no puedes cambiarlo la mejor lección que he interiorizado es aprender a aceptarlo en tu vida con dignidad.

Esto va a ser así siempre, por más lloros o pataletas que tengas, no va a cambiar, por lo que no queda otra que vivir con ello digiriéndolo poco a poco y sin amargarte la existencia .

¡Aviso para navegantes!: "No soy psicóloga ni experta en el tema". Escribo sólo desde mi experiencia personal pensando en personas como yo que puedan estar viviendo momentos complicados.

Ya para terminar, una persona mayor me dijo: “Todo pasará, ya lo verás...” y la verdad que a mi todavía no se me ha pasado, pero deseo que así sea para algún día poderle dar toda la razón.


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