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La parálisis por análisis se conoce como la situación en la que te quedas totalmente empanado imaginando opciones posibles y sobre-analizando todo lo que te pasa por la cabeza, de tal manera que nunca te decides ni pasas a la acción.

Si alguna vez te ha pasado, te habrás dado cuenta de que pensar demasiado te puede llegar a colapsar y es que es justo el maldito exceso de reflexión lo que no te deja actuar.

Vayamos por pasos, voy a empezar por escanear un par de situaciones personales que pueden hacer que sientas que tu vida navega a la deriva.

Situación #1: Emprender un proyecto o buscar un trabajo nuevo por cuenta ajena


Emprender un proyecto es una opción arriesgada pero que a largo plazo puede ser muy satisfactoria si logras salir airoso.

Sin embargo, buscar un trabajo en otra empresa es una opción más segura y con menos riesgos asociados por motivos económicos.

Si te estás planteando esta disyuntiva, es muy posible que en tu mente se agolpen preguntas de este estilo:
  • ¿Cuál es la mejor opción para mi futuro profesional?
  • ¿Y si me equivoco emprendiendo y fracaso estrepitosamente?
  • ¿Encontraré un puesto mejor?
  • ¿Estaré a la altura del nuevo proyecto?

Hacerte estas preguntas provoca mucha fatiga mental, incluso pensar mucho en todo esto puede ser una fuente de ansiedad tremenda.

Seguro que si te lo propones puedes perfectamente echarle horas analizando los pros y los contras de cada decisión. Y es muy posible que tras haberle dado mil vueltas en tu cabeza, te resistas a tomar una decisión.

De hecho, hay investigaciones como las del psicólogo estadounidense Barry Schawrtz, que defienden que demasiadas opciones no te hacen más libre sino que te paralizan y te hacen sentir más insatisfecho.

Y es por esto que explica en su obra cómo la elección ante la explosión de posibilidades en todos los ámbitos de la vida se vuelve paradójicamente en contra de tu salud mental y emocional.

Situación #2: Comprometerse o no con una relación de pareja


En el terreno amoroso siempre en algún punto de la relación surgen dudas y es posible que en el transcurso de las distintas etapas te quedes encallado por tus miedos.

Suele pasar que de repente te veas incapaz de tirar adelante esa relación de pareja, cuando los sentimientos por la otra persona evolucionan y te planteas cuestiones como:

  • ¿Estoy realmente enamorado?
  • ¿Y si éste no es el hombre de mi vida?
  • ¿Y si mi amor de verdad me está esperando en otro puerto?
  • ¿Estoy perdiendo el tiempo con esta relación?

Es muy posible que cuando te asalten este tipo de dudas pienses que si no lo tienes claro es mejor no arriesgar y hacer marcha atrás.

El propio acercamiento al amor despierta los miedos más profundos. Cuando te libras de tus corazas para amar de verdad a una persona, renacen las heridas del pasado, las rupturas no superadas o los malditos complejos. Y en este entramado es cuando se puede fraguar el desafortunado amor cobarde.

La psicóloga Ciara Molina explica en su libro “Emociones expresadas, emociones superadas” que el miedo al compromiso suele surgir cuando la otra persona te pide que des un paso y sientes que se va a producir un cambio que puede desestabilizar tu “zona de seguridad”.

Si al valorar tu relación de pareja llegas a la conclusión de que pierdes algo con esa unión (menos intimidad, libertad, descanso…) en lugar de ganarlo (amor, compañía, bienestar, etc.) el temor se apoderará de ti y no te dejará avanzar.

Si te has sentido identificado con alguno de estos escenarios o cuando alguna de estas situaciones personales se repita en tu vida, hazme caso:

Despierta de ese letargo y ponte en alerta porque es posible que haya un fuego a la vista que apagar.

¡Cuidado con los miedos, les encanta robar sueños!


Pues sí, es posible que te pases gran parte de tu vida sin cumplir la ilusión de emprender tu proyecto por el miedo al fracaso o que nunca encuentres a tu pareja de viaje por miedo a equivocarte de persona.

A menudo, tu mente te puede jugar una mala pasada cuando se convierte en una auténtica centrifugadora de ideas catastróficas que no te dejan avanzar tranquilo.

La parálisis por análisis no sería un problema si el análisis de las situaciones o adversidades posibles que podrían surgir no consumiera tanto tiempo y esfuerzo.

Piensa que pararse a pensar demasiado las cosas puede hacer que lo que deseas tanto nunca suceda, te priva de vivir retos personales y de aprender de nuevas experiencias y relaciones.

Llegados a este punto, es muy fácil que te preguntes cómo puedes superar la parálisis por análisis:

  1. No consideres que estás tomando una gran decisión: aprende a racionalizar pensando que no pierdes tanto por intentarlo, si tomas la decisión equivocada será un aprendizaje más, nunca un fracaso personal. 
  2. La incertidumbre forma parte inherente de la vida: jamás sabremos a ciencia cierta cuál es la opción ganadora, por lo que te aconsejo que lo vivas siempre como una experiencia emocionante que te hará crecer y madurar.
  3. No temas salir de tu zona de seguridad: si te dejas llevar por la rutina puedes acabar con el piloto automático puesto. Harás siempre lo mismo, y puede que encuentres cierto bienestar en ello, pero te impedirá prosperar y enfrentarte a situaciones nuevas. 
  4. Decide hacer todos los días una cosa que te dé miedo: normalmente, lo que más miedo nos da hacer es lo que más necesitamos hacer.
  5. A veces, en la vida hay que intentar por todos los medios pensar menos, arriesgar y actuar.

El tiempo pasa y, cuando queremos darnos cuenta, es posible que sientas que tu vida navega a la deriva. Y, ¿entonces qué?

¡Atención navegantes! cuando asome en ti la parálisis por análisis hazte esta pregunta:

¿Quieres hacer marcha atrás y dejar de temer o quieres aprovechar la oportunidad para combatir tus miedos y abrirte a vivir nuevas experiencias y relaciones?

Pues eso…en tu cabeza lo dejo.

Cuando la parálisis por análisis se te insinúe dale esquinazo. Déjate de pilotos automáticos y circula con el cambio manual en dirección a rumbo desconocido, porque seguro que tus mejores sueños te esperan a la vuelta de otra esquina.💪


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Cómo me hice una quemadura grave con una estufa de aire una noche de verano

Hoy me he decidido a contarte esta historia del horror porque tiene guasa.

Y todavía tiene más gracia, cuando pienso que hace tres años en un momento de inspiración divina, elegí como nombre para mi blog: APAGANDO FUEGOS.

Mi deseo con este blog era aliviar a personas con quemaduras o heridas abiertas que estuvieran apagando fuegos en sus vidas.

Pues resulta que hace un mes que me quemé de verdad. Sí, me chamusqué a base de bien el empeine del pie con una estufa de aire pequeña de las de baño. Tal cual te lo cuento.🙈

Y desde entonces, la que vivo apagando un fuego soy yo misma, en mis propias carnes, las de mi pie maldito.

Le llamo el pie maldito porque el pobre ha pasado ya por trece esguinces, dos roturas de ligamento y una fractura de pie. Y con la estufa ya le ha tocado la Gorda: una QUEMADURA de las guapas.

Todo empezó una noche de verano, me disponía a meterme en el sobre cuando noté mis pies más fríos de lo habitual, y eso que aquella noche hacía caloret de 25 grados.

En mi defensa siempre diré que tengo el termostato del cuerpo muy bajo.😅

Se me ocurrió la brillante idea de encender la estufa de aire del baño y enchufar los pies delante del calefactor, bien cerquita.

Que gustito cuando tienes los pies fríos como escarpias y notas que empiezan a entrar en calorcito…Mmmmmmm

La verdad que estaba como una reina hasta que vi un chispazo salir de la estufa que apuntaba al pie maldito. 💥¡Fuegoooooo!💥

Después del fogonazo se me puso el pie como un tomate. Me dolía bastante, pero pensé que viniendo de una estufita no podía ser muy grave y me quedé frita del cansancio.

Estufa del demonio
Cuando desperté aquello no tenía muy buena pinta, había crecido una ampolla amarillenta que la verdad es que daba bastante asquito. Pero aquel día tenía un evento que me hacía mogollón de ilusión y al que quería asistir sí o sí.


Así que me armé de coraje, le di un pinchacito a la ampolla para que no me tirara tanto y me encasqueté un apósito para tapar aquel desastre. Me tomé un calmante y arreando que es gerundio y, a paso muy lento, me fui para el evento.

Aguanté todo el día con un par de ovarios, y con los bajos de los pantalones manchados de un líquido extraño que salía de la ampolla amarillenta. ¡Madre mía! Aquello se iba reproduciendo como los Gremlins en una fiesta de piscina.

Cuando ya  para caminar me tenía que arrastrar como una lagartija, confesé a mis compañeros que me había quemado con un cazo de agua hirviendo😌. Todavía no daba crédito de la mala pasada de la estufa.

Aquella tarde acabé entrando en la unidad de quemados de un hospital por mi propio pie.💪

Ya en el quirófano despotriqué y lloré como una cría de 6 años cuando me arrancaron de cuajo las ampollas y toda la piel que había debajo. Sin anestesia ¿para qué?

Después de la tortura de aúpa, llegó el doctor y me preguntó:

-¿Señora, qué le ha pasado?

Y yo, toda digna, contesté: - ¿Acaso no ve el quemadón que me he hecho?

El doctor se puso a reír, y me contestó con socarronería: “Es obvio señora, por eso se encuentra ahora mismo en la unidad de quemados del hospital”. Así que en voz bajita le tuve que confesar lo de mis pies fríos y el percance con la estufa de baño.

La verdad que hasta al día siguiente no fui consciente de la gravedad del asunto. Lo empecé a digerir todo cuando empezó a arder Troya en el mismísimo pie.

Rebauticé al pie maldito como la pata cadáver por su aspecto putrefacto💀. Y muy a mi pesar, en el CAP donde llevo ya un montón de “curas-torturas”, me sacaron el nombre de la “chica con quemadura de estufa”.🙈

Hace una semana me diagnosticaron una quemadura de tercer grado (la más grave de todas). Pensé: “Bueno, más vale saberlo tarde que nunca”.

Otra doctora me dijo que si no me empezaba a crecer piel me operaban con injerto de mi propio muslo. ¡No me lo podía creer! ¡Hasta aquí podíamos llegar! 😱

Me querían rebanar el muslo para curar la pata cadáver.

“No quería caldo, toma dos tazas”.

Así que me dije a mí misma que la piel me tenía que crecer por narices.

En los últimos días he estado cuidándome no, lo siguiente.

Vivo pegada a una silla de ruedas donde tengo afincada la pata cadáver en posición horizontal.

Mi madre ha venido al rescate para cebarme y acicalarme.

Como carne roja, pescado y huevos como si no hubiera un mañana. ¡A la mierda la operación bikini!

Hace un par de días me libré del injerto de piel con rebanamiento de muslo. En la unidad de quemados me dijeron que no sería necesario operar porque me había crecido un pelín de piel.

¡Válgame Dios!

Ahora tengo una relación de amor-odio con el personal sanitario de la unidad de quemados😡😍. Sí, a veces les diría del mal que se tienen que morir, y otras, los colmaría de besos y abrazos.💞

Hoy una amiga me ha escrito: - “Anna, no te dejes rebanar el muslo, que a este paso te tendremos que llamar Anquenstein”. (Se refería a un híbrido entre servidora y el monstruo de Frankenstein).

Acabáramos…JAJAJAJA

MORALEJA: “Nunca subestimes a una pequeña estufa de baño”

Espero muy pronto poder escribir cómo me curé de una quemadura de tercer grado antes de que acabara el verano.🙏


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El  amor cobarde está en el aire


Siempre he querido pensar que el amor puede ser maravilloso cuando nace del deseo mutuo por querer construir en el día a día una relación de pareja extraordinaria. Pero no siempre es así, existen personas que sin ser muy conscientes eligen no sentir para no sufrir y sabotean las relaciones movidas por sus carencias emocionales y miedos infundados, contribuyendo a forjar el desafortunado amor cobarde que se respira en el aire.

Mi deseo en esta entrada es hablar de frente sobre el amor cobarde. Un concepto muy abstracto que muchas personas que lo experimentan lo sufren en silencio. Mi intención es analizarlo y revelarte mis recursos para apagar ese fuego.

Vayamos por pasos, para empezar:

El amor cobarde es para mí aquel que emerge en las relaciones de pareja cuando una de las dos personas no es capaz de abrirse en la intimidad a la otra e interpone obstáculos al crecimiento de una relación amorosa exitosa.

De modo que, la persona que sabotea la relación siente como una catarsis o bloqueo emocional que le impide hablar de sus deseos más íntimos, no es capaz de expresar sus emociones, y mucho menos de compartir sus miedos con su pareja. Esta rigidez emocional impide la conexión íntima de la pareja y el conocimiento de su verdadera identidad.

Ante tal colapso emocional, muchos se quedan paralizados y aquí es cuando se fragua el amor cobarde a lo grande. Más tarde o más pronto, aflora el sufrimiento ante la incertidumbre del paradero de una relación que vaga sin rumbo perdida en una eterna espera. 

 A veces, la misma cobardía impide a una persona dejar la relación, en otras la cobardía nace de inseguridades, traumas o heridas emocionales que acaban causando la ruptura estrepitosa para evitar sufrir más, en este caso por amor.

Y todo esto a veces sucede sin darnos cuenta, es muy fácil autoengañarse, decidir no amar para sufrir menos o dejarse llevar en piloto automático por la apatía son algunas de las opciones más cómodas, las que menos riesgo implican al principio y más dolor causan con el paso del tiempo.

Pero lo peor en todo este entramado de desamor son aquellos pensamientos negativos que no somos capaces de dominar, me refiero a esos que agolpan una mente en constante ebullición. En nosotros se dan cita un torbellino de emociones encontradas, la rabia con la tristeza, y el dolor con el desasosiego ante las preguntas sin respuesta que enturbian el deseo de querer pasar página.

A veces, se puede intuir este amor cobarde, siempre hay señales si las quieres ver, como cuando esa persona te cuenta que todavía no está preparada para una relación seria o si notas que pisa el freno cuando tú intentas arrancar algún proyecto en común.

No siempre es así, pero ese tipo de comportamientos pueden estar relacionados con el miedo al compromiso, a la pérdida de libertad, a desnudarse emocionalmente o con el propio temor de no estar a la altura de la otra persona.

Ningún puente se sostiene de un solo lado y todo esto augura una relación fraudulenta basada en un amor cobarde que más tarde o temprano te acaba pasando factura.

Si has vivido alguna ruptura o desengaño amoroso, sabrás que limpiar la mente y vaciarla de una relación feliz que se ha vuelto amarga del día a la noche no es tarea fácil.

Existen infinitas formas de superarlo, a mi para empezar me sirve una técnica que consiste en enterrar a la persona amada, y con esto me refiero a visualizar mentalmente un buen sepelio para decirle adiós y a ser posible me lo imagino con un toque de humor negro😂

Piénsalo bien, porque cuando te veas atrapado en un amor cobarde, todo apuntará al cierre de un ciclo que reclama una nueva etapa en tu vida. Y siempre la mejor de las opciones, aunque cueste de verlo, será no dejar la puerta abierta a personas que te quieran a medias tintas.

Y dicho esto, quizás te estarás preguntando cuáles son mis recursos para apagar este fuego:

  1. No existe ninguna anestesia para no sufrir por un amor cobarde: no queda otra que aceptar que el sufrimiento llamará de vez en cuando a tu puerta para ponerte a prueba.
  2. Despójate del apego a la persona amada que te vuelve neurótico y débil: piensa que no necesitas una pareja para ser feliz, déjala ir tan pronto como puedas y suelta ese lastre para continuar tu viaje. 
  3. Hazme el favor de grabarte a fuego esta fabulosa cita: “Solo hay un amor que es para siempre: el amor propio”- Anónimo 
  4. Es muy saludable al principio intentar no saber nada de quien has decidido retirar de tu vida. 
  5. Con el paso del tiempo notarás que recuperas las riendas: esa sensación te permitirá recuperar la paz interior y sentirte muy orgulloso de los pequeños pasos trazados para pasar página.
  6. Piensa que nunca es tarde para volver a la casilla de salida y comenzar una partida nueva.
  7. La calma te abrazará cuando sientas que ya puedes perdonar sin resquemor al causante de ese amor cobarde.
El mejor de mis recursos para hacer frente al amor cobarde me lo guardo para el final y se resume en esta frase:
 “Aceptar, saber renunciar, volver a amar y seguir: la vida es demasiada corta como para andar fingiendo sentimientos”, y a menudo, te encontrarás que es necesario atravesar caminos difíciles para llegar a destinos extraordinarios.

Si algo he aprendido es que el mar está lleno de pescaditos maravillosos y entre el pelotón puedes tropezarte con alguno delicioso como tú, que se arriesgue a nadar contigo unas millas siendo puro, auténtico y transparente💙


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Muchas veces me pregunto si las personas estamos hechas para vivir nuestras vidas siempre con la misma pareja o hasta qué punto el amor puede unir a dos personas para toda su eternidad. 

Mi duda nace de la evidencia de que todos los seres humanos evolucionamos. Nuestros pensamientos, miedos, comportamientos o gustos cambian con el paso del tiempo. Lo cierto es que todo fluye y quién te puede asegurar que tu pareja quiera compartir la vida siempre contigo, cuando todo es cambiante y los sentimientos son la mayoría de veces un mar de dudas.

Es muy posible que en tu vida hayas escuchado pronunciar la fatídica frase: “Ya no estoy enamorado de ti”. Son las palabras que acostumbran a sortear una ruptura amorosa y que cuando te las sueltan te hacen sentir como si un samurái te estuviera atravesando el cuerpo por la espalda con una katana.

Y es que un día puedes despertar sintiendo que estas enamorado hasta las trancas de alguien, pero al día siguiente puedes conocer a otra persona que te haga perder el mundo de vista y sentirte como un Dios en el mismísimo cielo. 

Para mí el enamoramiento es un ingrediente más de una relación amorosa y con el tiempo se valoran otros componentes que consiguen impedir que llegados al punto crítico la relación no se vaya al traste. Pero cosa a parte, todos conocemos a un sinfín de parejas que con o sin amor pasional permanecen unidas toda su vida.

Y es que la monogamia nos la venden como la panacea de la felicidad, esto se traduciría en la frase: “Pon una pareja en tu vida para la eternidad y serás feliz”. Es una creencia irracional que respalda la monogamia por los siglos de los siglos, la forma más extendida de relación entre hombres y mujeres. Lo cierto es que nos empeñamos en adoptarla en nuestras vidas por pura convicción, sin cuestionarla lo más mínimo.

Hay estudios que demuestran que nuestra biología no está diseñada para la monogamia, el conocido efecto coolidge describe un fenómeno en virtud del cual tanto hombres como, en menor medida, mujeres muestran un aumento de la disposición a mantener relaciones sexuales ante la presencia de nuevos compañeros receptivos. Esto viene a decir que probablemente no hayamos evolucionado para entregarnos a una sola pareja y que la exclusividad sexual perpetua no forma parte de nuestra naturaleza.

En resumidas cuentas,  tener una misma pareja para toda la vida no es buena idea desde el punto de vista evolutivo. 

¿Pero realmente una pareja para toda la vida te hace feliz? Yo soy de las que opinan que nadie hace feliz a nadie, cada persona es responsable de su propia felicidad y que quizás estés sacrificando mucho de ti por querer estar con una única persona toda tu vida. 

Creer que necesitamos una pareja para ser feliz es una carga muy grande, es un factor externo que tú ni nadie puede controlar. Yo creo que en la renuncia nace la fortaleza, cuando eres capaz de soltar a personas de tu vida, andando ligero de equipaje por la vida.

Las relaciones están evolucionando, se vuelven dinámicas y abiertas. Un claro ejemplo de ello es el famoso poliamor o la más reciente anarquía relacional, toda una revolución que defiende un poliamor sin etiquetas o distinciones de relaciones y que entiende la amistad como un tipo de amor más.

Aunque no lo parezca, otras formas de amor son posibles, quizás en un futuro próximo la monogamia pase de moda y la fidelidad llegue a esfumarse de nuestras vidas. ¿Y por qué no?



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Más tirada que unas bragas usadas

¿Y quién no se ha sentido alguna vez así? Es un sentimiento de desgaste emocional que te deja cao y sin aliento. Suele suceder cuando pones toda tu ilusión, ganas y confianza en algún proyecto o persona y por la razón que sea los astros no consiguen alinearse, más bien desprenden meteoritos que te alcanzan y acabas sintiéndote más tirada que unas bragas usadas. 

Lo admito, se trata de un sentimiento que a veces se apodera de mí con una tremenda facilidad. Te hace sentir como si temporalmente te hubiera abducido el cerebro una nave extraterrestre, pero en este caso los secuestradores son terrícolas, de carne y hueso. Este agotamiento emocional suele emerger, bien porque te han utilizado, se han aprovechado de tu confianza con mentiras y excusas o bien porque, te han conseguido chupar hasta la última gota de tus energías.

Si te soy sincera, siempre he pensado que todas las personas son buenas por naturaleza, soy una persona confiada y venero a las personas que desprenden humanidad por todos los poros de su piel. La cuestión es que por este motivo tengo mal olfato para las personas corrosivas. Me refiero a esas víboras que a menudo son falsas, se mueven por intereses y que disfrutan manipulando o pisoteando a los demás.

Si eres una persona confiada e idealista es muy posible que la decepción te invada a menudo cuando te tropiezas con personas de tal calibre. Y es que nuestra mente exigente tiene la maldita tendencia de esperar mucho de los demás.

Por lo que si alguna vez te has sentido más tirada que unas bragas, aquí te dejo 4 consejos para ayudarte a recuperar la compostura:


1. #Aprender a ser pasota: a que te resbale todo como la seda para conseguir que te afecten lo más mínimo los juicios irracionales o comentarios ofensivos.

2. #Armarse de toneladas de paciencia: en este post te explico cómo desarrollar esta gran virtud.

3. #Bajar el listón de tu mente exigente: en el sentido de dar esquinazo a altas expectativas o al perfeccionismo  y a hacer las cosas por gusto y placer, sin esperar nada a cambio.

4. #Trabajar la aceptación incondicional: aceptar a las personas tal y como son para no acabar pidiendo peras al olmo.

En mi caso, siempre termino de calar a personas tóxicas cuando ya me han hecho alguna faena. Ojalá llevarán la señal de advertencia pegada en el culo: "Persona que por contacto puede implicar riesgos graves para la salud" acompañada de algo así como: “Todo contacto con este cuerpo humano debe ser evitado”. Esto podría servir para ahorrarse un buen disgusto a más de uno.

Pero por todos es sabido que para detectar a personas tóxicas, solo te puedes guiar por la experiencia y en contadas veces, por la intuición. Así que, cuando te sientas más tirada que unas bragas, quizás te ayude recordar la pegadiza letra: “Aguanta un poco más o lo echamos a suertes” o mejor aún, rememorar a las Azúcar Moreno con su lema de cajón: “Solo se vive una vez”. Y todo este recopilatorio musical me sirve para llegar a la sabia conclusión: ¡A tomar vientos!

En resumidas cuentas, cuando te das de bruces con personas corrosivas lo más sano es aprender a ser pasota o a evitarlas a toda costa. Pero soy muy consciente de que hay veces en las que no queda más remedio que lidiar con ellas armándose de toneladas de paciencia. En estos casos, me consuela pensar que tratar con personas tóxicas puede ser un aprendizaje de alto nivel, que te puede fortalecer mentalmente haciéndote sentir como el mismísimo Hulk.

También, soy de las que pienso que si esa persona ha aparecido en mi vida es porque me quedaba algún asuntillo importante por aprender. Y ya puestos, una vez tomada la lección, piensa que todo lo malo llega a su fin, y que siempre nos quedarán unas bragas limpias esperando en el cajón.

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Pistas para destapar la manipulación que pasa inadvertida
La manipulación, esa gran desconocida, pasa muchas veces inadvertida delante de nuestras narices. En este post doy algunas pistas que te permitirán despertar tu sentido de la sensibilidad para descubrir cuándo estás siendo emocional y mentalmente manipulado.

Piensa que todos en algún momento hemos estado o estaremos expuestos a la manipulación a través de las relaciones con los demás. Se trata de una especie de juego de poder al que todos jugamos alguna vez para conseguir que otra persona obedezca sin ofrecer resistencia a nuestros requerimientos en contra de su voluntad. 

Por ejemplo, todos alguna vez hemos recibido alguna petición con un tono excesivamente afectuoso acompañada de halagos, me refiero a situaciones en las que el abuso de poder se ejerce de forma muy elegante y sutil para conseguir que trabajes unas horas de más o cedas a un plan que no te convence en absoluto. En el mismo momento que te sucede es complicado percibir la manipulación pero si te deja en el cuerpo una sensación incómoda. Aprender a dar sentido a ese malestar puede servirte para en un futuro revertir esa situación cuando se vuelva a repetir. 

La manipulación sirve para obtener lo que deseamos a corto plazo, con el tiempo tiende a minar las relaciones con los demás y a hacer auténticos estragos emocionales. La verdad es que aprendemos técnicas de manipulación desde la infancia y las utilizamos a veces de forma automatizada. Es el caso de algunos niños que se convierten en pequeños ninjas con grandes destrezas en el despliegue de todo tipo de artimañas (rabietas, lágrimas de cocodrilo, mentiras, etc.) para dar de lleno en el talón de Aquiles de sus padres, consiguiendo satisfacer todos sus deseos.

Mantener con continuidad relaciones manipuladoras basadas en juegos de poder, tanto si eres consciente como si no, es altamente destructivo. A veces, puede pasar que te acostumbres a tolerar y a vivir durante demasiado tiempo en un entorno tóxico de manipulación y para cuando te quieres dar cuenta el daño hecho se vuelve difícil de reparar. 

A continuación, te doy 5 pistas para destapar a la persona que te esté intentando manipular:

  1#Tendrás la sensación de que al hablar con ella nunca te aclara nada, tienes problemas para entenderte y  la conversación te genera una gran confusión.

  2#Saca las cosas de quicio, exagera y tergiversa las palabras y tiene un arte especial para sacar partido de las contradicciones , dando la vuelta a la tortilla a todo lo que se propone.

  3# Desvía el tema de su verdadero propósito y después quiere hacerte creer que eres tú quien lo has enredado todo.

  4#Utiliza una mirada huidiza o dominadora según le convenga ejercer en cada contexto.

  5# Practica la escucha adversativa que consiste en no prestar atención a la persona que le está hablando, por ejemplo, cambia bruscamente del tema de conversación que habéis iniciado, dirige la mirada hacia otro sitio o se pone a mirar el móvil mientras le estás hablando.

En resumidas cuentas, se trata de una comunicación retorcida que tiene como propósito desestabilizarte o hacer sentir que tu presencia no es relevante. Te sentirás incapaz de comunicarte con esa persona, será como si le estuvieras hablando a la pared, porque intenta mantener bajo control, y a la vez, bloquear la misma comunicación. 

Desenmascarar las contradicciones, aplicar la racionalidad y la comunicación asertiva serán tus mejores cartas en el juego de la manipulación, aunque a veces no te quede más remedio que abandonar el campo de batalla por tu propio bienestar mental. Piensa que dar carpetazo a las personas manipuladoras de tu vida es una opción a tener muy en cuenta para curarte en salud. 

Aunque ya lo sabes, recuerda que mantener relaciones sanas que te nutran emocional y mentalmente es básico para tu desarrollo personal. Así que, cuando te cruces con algún manipulador, intenta no dejarte amedrantar de buenas a primeras, si te lo propones puedes ser macizo como un roble. Expón tus puntos de vista con entereza, sé claro y conciso, saca la lupa para ver bien las contradicciones y pon a trabajar a destajo el programa de racionalidad de tu disco de memoria interna. 

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Nacido para ser complaciente
Si eres de los que cuando alguien te pide un favor o te propone algo dices sí a la primera de cambio, te aconsejo que te pares a pensar qué es lo quieres antes de responder impulsivamente porque decir siempre que sí cuando quieres decir no pasa factura.

Cuando te pares a pensar tienes que enfocarte en tener claras tus prioridades. Esto es básico para no sentirte perdido y terminar comportándote siempre como esperan o exigen los demás. Es muy fácil perder el norte en este sentido, es decir, darte cuenta de que otras personas están monopolizando tu vida porque parece que muchos llevamos tatuada la frase: “Nacido para ser complaciente”.

Si dices sí cuando en realidad quieres decir no te estás diciendo no a ti mismo, es decir, no estás siendo honesto contigo mismo. Pero claro no es fácil decir que no a determinadas personas y el tema de negarse se complica cuando hay una relación afectiva de por medio. También, cuesta porque puedes pensar que si te niegas estas siendo egoísta y te puedes incluso sentir culpable por no corresponder a ese deseo de agradar que tenemos tan interiorizado.

Si dices sí cuando en realidad quieres decir no te estás diciendo no a ti mismo

Es posible que a veces te asalten un sinfín de exigencias de familiares, amigos o de tu jefa, y es entonces, cuando tienes que plantarte y aprender a decir no sin sentirte culpable, pensando a conciencia que lo haces por tu propio bien, diciendo sí a algo mejor para ti. 


Para elegir prioridades hay que ser coherentes entre lo que eres y lo que haces, seleccionando aquellas ocupaciones que tengan sentido y sean coherentes con tus valores y con la vida que deseas para ti.

Para que decir no sea más fácil es crucial trabajar en técnicas asertivas que te ayuden a reforzar tu personalidad y alejarte del sentimiento de culpabilidad. Adoptar una actitud asertiva supone 3 beneficios muy suculentos: reafirmar tu propia identidad, respetarte a ti mismo y lograr tus ideales de crecimiento personal.

Si estos beneficios no terminan de convencerte, piensa que muchos personajes importantes lograron sus propósitos porque en vez de decir “sí” dijeron “no” a todas aquellas propuestas que se alejaban de sus metas personales.

Es básico analizar las emociones que te impulsan a atender de forma compulsiva a peticiones o favores. Es posible que algunas coincidan con miedo a parecer egoísta o mala persona o bien una preocupación excesiva por crear algún mal rollo en la relación. Si consigues esfumar estos miedos -en este post te doy unos consejos para plantarles cara-  expresar negativas será coser y cantar. 

Una vez hayas plantado cara a tus miedos, te aliviará saber que es compatible el querer agradar a los demás con defender tus deseos. El truco está en poner límites a las demandas de los demás y a ti mismo. No poner límites es querer complacer a todos cuando uno no debe ni puede y ponerlos es ayudar cuando uno puede teniendo muy claro que nunca jamás podrás agradar o quedar bien con todo el mundo. 

Cuando te pongas manos a la obra con las negaciones, ten presente que es conveniente no dar excesivas explicaciones para que no las interpreten como excusas, para ello puede funcionarte sin añadir nada más: “No, lo siento, tengo un compromiso”.

Y para ir terminando, te sugiero que te quedes en mente con una buena táctica asertiva que seguro te ayudará mucho. Esta táctica consiste en acompañar la negación con una alternativa que sí encaje con tus prioridades: “No puedo ayudarte hoy pero miro de hacerte un hueco otro día”.

Para decir no sin sentirte culpable ten claras tus prioridades, adopta una actitud asertiva, supera tus miedos, pon límites a las peticiones, expresa negaciones sin dar muchas explicaciones y ofreciendo alguna alternativa. Si te pones a ello verás que a veces decir no puede ser lo más conveniente para uno mismo.

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Siéntete satisfecho ante cualquier situación vital


La mente del mono loco es una metáfora que hace alusión a un primate que va saltando de rama en rama de forma frenética buscando el tronco perfecto para estar totalmente cómodo pero no lo encuentra y nunca se detiene en su búsqueda. Esta misma situación puede estar pasándote si buscas compulsivamente fuentes de gratificación externas -proyectos, un trabajo mejor, aficiones nuevas o una pareja- para sentirte realizado.

Esta metáfora la utiliza el psicólogo Rafael Santandreu para explicar cómo funciona la mente de una persona que se comporta de forma neurótica. Como verás ahora mismo con un ejemplo es fácil que tu mente caiga en este tipo de trampa. 

Al empezar un curso nuevo es muy común que te asalten un montón de proyectos, metas o asignaturas pendientes que quieres conseguir en tu vida. Y pensar en ello te puede generar cierta ansiedad o nerviosismo porque te obsesionas en querer abarcarlo todo. Esto sucede porque dejas a tu mente campar a sus anchas concediéndole demasiada importancia a logros que realmente no la tienen y es en ese punto en el que puedes desarrollar la mente del mono loco.

El síntoma principal que experimentas es que nada de lo que haces o tienes en tu vida te satisface plenamente, te sientes desorientado y siempre piensas que estarías mejor si consiguieras otro trabajo, si tuvieras una pareja que te llenará más o si emprendieras tu propia empresa. Y es que tu mente se convierte en experta en la creación de necesidades vitales y te vuelves incapaz de ver que no precisas ninguna de ellas para sentirte realizado.

La clave de tu bienestar reside en ti mismo y en controlar tus pensamientos para sentirte satisfecho ante cualquier situación de tu vida, teniendo claro que por más cosas que hagas o consigas no vas a ser más feliz. Piensa que tu bienestar mental depende de tu forma de pensar y de interpretar de forma racional lo que te sucede en el día a día.